ESA NOCHE…
Fue una noche muy especial; porque mis abuelos, esos hermosos viejitos,
celebraban setenta y ocho años de unión; toda una vida… con momentos muy duros
y difíciles; pero con muchos momentos hermosos; sobre todo, cuando dieron vida
a sus hijos, nueve en total, para ese entonces, el matrimonio era lo esencial;
donde la familia era lo primero; y mientras más muchachos concibieran…
mejor, ya que para la época, una familia grande era lo ideal.
Mis abuelos, hijos de familia no muy ricas pero si bien acomodada, se
conocieron desde muy niños en el colegio; y sin pensarlo fueron creciendo con
una muy bonita comunión; así pasó el tiempo, llegó el momento en que cada uno
siguió su rumbo; mi abuelo marchó a cumplir con el sagrado deber de servir a la
Patria; y mi abuela continuó sus estudios en la universidad, graduándose con
honores en la carrera de medicina, especializándose en pediatría. Con el paso
de los años, vino el reencuentro, el noviazgo y el matrimonio.
Esa reunión, sería un bonito acontecimiento; y por ello debíamos hacer algo
único, que perdurara en el recuerdo de todos los que nos encontráramos esa
noche.
Con anticipación, habíamos acordado reunirnos todos los miembros de la
familia; sus hijos, los hijos de sus hijos e inclusive, los bisnietos. En
total, estaríamos presentes en esa reunión, sino había contratiempos, alrededor
de unas ochenta y cinco personas entre adultos, adolescentes y niños.
Todo resultó como esperaba, en mis manos quedó todo lo relacionado con la
comida, pasa palos, bebidas y demás; mi hermana Rosa, se encargó del arreglo de
la casa de campo, lugar donde acordamos reunirnos, sacando a los abuelos de su
acogedor hogar para llevarlos hasta allá.
La casa, conservaba el esplendor de antes y Rosa, tuvo el tino de decorar
con muchos portarretratos y objetos antiguos guardados en el desván, fotos de
antepasados (padres de mis abuelos, sus hermanos, algunos ya habían partido de
este plano terrenal) y los recuerdos de infancia de sus hijos, los tíos,
los cuales colocó sobre maletas que se encargó de desempolvar, lustrar y
adornar con flores cortadas del jardín.
Los abuelos, a su llegada al ver todo aquello, no aguantaron las lágrimas
por la emoción de la sorpresa y al mismo tiempo, agradeciendo a Dios, el
poder celebrar junto a nosotros ese momento.
Fue una noche cargada de emociones, muy especial, grata y hermosa, todos
disfrutamos de la cena, la sobremesa y luego, con una copa en la mano,
brindamos por esos setenta y ocho años de feliz convivencia y de esos recuerdos
que mis abuelos se encargaron de ir comentando a medida que pasaban la vista
por cada uno de ellos.
... Pero como todo acaba, esa noche pasó y hoy, a cuatro años de ese
memorable encuentro, recordamos la fecha, ya que fue la última reunión con
ellos, ya no están con nosotros, partieron así como llegaron, amándose y juntos
se fueron al cielo, donde de seguro San Pedro los recibió con una hermosa
canción para festejar esos años de vida, donde sirvieron a Dios y a todo el que
de ellos necesitó.
Esa noche de seguro, vivirá en el recuerdo de todos los que tuvimos la dicha
de estar con ellos…
Autora: Iris Ponce
Inspiración Visual No. 123
Abril 17, 2018