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sábado, 15 de abril de 2023

MI RINCÓN, MI ESPACIO, MI REFUGIO...

 


MI RINCÓN, MI ESPACIO, MI REFUGIO

 Hoy, entro al espacio predilecto de mi hogar, mi refugio. Es  allí, en ese lugar, donde guardo mis mayores tesoros. 

El rincón más deseado de quien se precie de disfrutar de un buen libro, una buena historia, adquirir conocimientos y/o aprender; porque ¡Roma no se construyo en un día! 

Sabemos por experiencia que “un libro, amplía nuestros horizontes”, nos hace soñar, y al soñar volamos al infinito, porque “el libro es fuerza, es valor, es poder”, al introducirnos en sus páginas, nos convertimos en el o la protagonista de la historia, la heroína,  el galán, el malvado o la única persona que puede cambiar el curso del universo.

Sueño con ojos bien abiertos, vuelo sin alas pero rozando casi el cielo, así como subo bajo; y me sumerjo en las profundidades del océano, a lo más oscuro de la tierra y recorro los siete mares; los mas inexpugnables lugares y al final extasiada en la lectura, cierro mis ojos y descanso alucinada de lo que absorbió mi mente.

Sin dudar, puedo confirmar que los libros son una “antorcha del pensamiento”  un tesoro con un valor incalculable y es el mejor regalo que se puede obsequiar y recibir.

 No desprecies la lectura, absorbe todo buen libro que caiga en tus manos y disfruta del placer de leer una emocionante historia.

 

 

Iris Ponce

Abril 15, 2023

sábado, 26 de enero de 2019

SUEÑO IRREAL - RELATO PARA DESCUBRIENDO LA POESÍA



SUEÑO IRREAL

Solo yo puedo dar fe ante ustedes de los momentos vividos; fueron minutos, tal vez segundos; pero en mi cerebro y corazón… muchas horas.

En mi sueño, no sé cómo me encontré delante de una gigantesca escultura esculpida en una montaña y en su naciente un río de aguas tan azules como el cielo, en su base, un inmenso ojo tan real como lo era el mío, de donde brotaba el agua que en su momento, sirvió para ir de a poco destrozando una a una, cada carta de amor recibida a lo largo del tiempo vivido a tu lado; cada libro obsequiado en nuestros momentos especiales, cada postal que de tus viajes recibía…

Todo, todo ello acomodado en filas esperando el momento para ser destruido por el llanto que de las pestañas manaba como fuente y, sin haber terminado de destrozar todo aquello, desperté.

Un sueño loco en verdad, tan irreal como sería el que en serio, destrozara tan hermosos recuerdos y momentos vividos junto a ti.

Aún lo pienso y sonrío contemplándote dormir plácido a mi lado, sin sospechar que en mi sueño, ya tú no estabas.




Autora: Iris  Ponce
Enero 25, 2019
Relato para: Descubriendo la Poesía

lunes, 2 de julio de 2018

SIEMPRE QUERIENDO JUGAR





SIEMPRE QUERIENDO JUGAR …

Juancito, era un pequeño de 8 años, nacido de una relación furtiva, donde no había papá; y una madre que para vestirlo, darle educación y alimento, debía salir temprano cada día a trabajar en casas de familia, limpiando y planchando ropa. por lo cual, si no tenía la compañía de una amiga de su mamá,  le tocaba quedarse solo en casa luego de llegar del colegio.

Vivían en un barrio muy pobre; pero en casa, no les faltaba casi nada, tenían cubiertas las necesidades básicas y como cada tarde, luego de hacer sus deberes y tareas, agarraba su balón de futbol, regalo que le dejó el niño Dios en el último año y salía a un campo cercano a su casa, para ver las caimaneras que se formaban en el terreno y con la intención de participar en el juego; pero por ser pequeño, siempre quedaba fuera y le tocaba observar sentado sobre su balón, el desarrollo del juego.

Así pasaba los días, sólo observando; pero una tarde sin esperarlo, el Sr. José, quien hacía las veces de entrenador,  habiendo presenciado la emoción y entusiasmo que se reflejaba en la mirada del niño, le convidó a participar por un rato del juego y, al ver la manera en la que el chiquillo manejaba el balón, le dejó que se acercara siempre que quisiera y formara parte de un equipo; para lo cual, necesitaba hablar con su madre.

Desde ese día, todas las tardes y con más entusiasmo, hace sus tareas y deberes para luego ir al campo a jugar el deporte que mas le gusta.

Luego de varios meses de entrenamiento,  Juancito fue invitado a formar parte oficialmente, de un equipo de futbol, cumpliendo así su sueño de siempre querer jugar.


Autora: Iris Ponce
Inspiración visual No. 126
Junio 22, 2018



viernes, 1 de junio de 2018

SENTIRES... RETO




SENTIRES

Era de noche; y como siempre,  a la misma hora, subía desde casa a visitar mi OCÉANO, así le decía, mío; porque desde años atrás, era mi aliado, mi silente amigo y confidente.

A él le contaba de mis desvelos, de mis cuitas de amor, de mis logros y fracasos, para luego, con la cabeza  fresca, plasmar mis pensamientos en esos locos poemas que de seguro muchos de ustedes habrán leído.

Desde arriba lo contemplaba. Iba y venía, se acercaba y retrocedía; y solo dejaba en cada viaje la ESPUMA que, rápidamente se mezclaba con la cálida arena.

La luna se reflejaba en esas cálidas aguas y, de vez en cuando, me dejaba un LAMPO tan claro, que podía divisar a los pescadores  que lanzaban sus redes procurando el momento preciso para atrapar grandes cantidades de peces, esa LUZ se quedaba en mí, al igual que los MURMULLOS  de voces de los pescadores que llegaban a mi como respondiendo las interrogantes que lanzaba al mar.

Así transcurrían las horas hasta que satisfecha con mi largo paseo… retornaba a la quietud del hogar, para luego en mi diario, dejar  escrito, un día mas en mi solitaria vida.


Autora: Iris Ponce
Junio 01, 2018
Retos intelectuales del Poeta
  


viernes, 18 de mayo de 2018

QUE DE RECUERDOS... INSPIRACIÓN VISUAL No.125



QUE DE RECUERDOS…

Contemplo la foto tomada por mi hermano… y me remonto al pasado, cuando en el parque mis hijos Carlos y Alberto  entusiasmados, trataban de hacer que navegara su pequeña embarcación, regalo de su Padrino Miguel.

Éramos muy pobres en ese momento; mas sin embargo, la sorpresa recibida  por ese presente inesperado, fue lo más hermoso que pudieron reflejar sus caritas, ver y sentir la emoción de esos pequeños nos enterneció a todos.

Enviudé demasiado pronto, mis hijos contaban apenas con  dos y tres años cuando su padre, que en paz descanse, falleció en ese terrible accidente de tránsito; así que tocó ser madre y padre para mis niños; pero gracias a Dios, conté con la ayuda de su Padrino, mi hermano Miguel y de su esposa Clara, quien se ofreció a cuidarlos, mientras yo trabajaba en una fábrica que, relativamente, quedaba cerca de nuestra casa.

Así que mis niños quedaban al cuidado de Clara hasta que llegaba yo sobre las 6:00 de la tarde, luego de una ardua y agotadora faena de trabajo; pero ya en casa, se pasaba el cansancio y con todo el amor, atendía a mis hijos que, muy juiciosos, colaboraban en todo lo que su corta edad les permitía. 

Pero bueno, vuelvo a la foto!  Era domingo y decidimos que después del almuerzo los llevaríamos al parque; así que con gran rapidez, toco preparar la comida, cambiar a los niños, acomodarme y salimos camino al lugar dispuesto por mis hijos para poner en el agua su barquito.

Fue lindo en verdad ver las ganas y la emoción con la que echaron al agua su regalo y, ayudados por una varita que conseguimos, colocaron su barquito dejando que el mismo flotara en el lago. 

Era emocionante verlos sonreír conversar entre ellos diciendo hacia dónde debía ir el barquito, absortos en su faena, olvidando que nosotros estábamos allí también.

Sus caras de satisfacción eran para mí, un tesoro de incalculable valor. Verlos allí con su ropita de los domingos, sus zapatitos gastados pero limpios, así como sus mediecitas y sus gorras, salpicando agua, era una delicia.  Quedó esta foto de recuerdo tomada con la camarita vieja de mi hermano.

…El tiempo ha pasado, de esa foto hace ya muchos años, exactamente veinticuatro; mucha agua ha corrido desde entonces y nuestras vidas, a medida que fue pasando el tiempo, fue mejorando, mis hijos hoy, uno médico pediatra y el otro ingeniero mecánico; yo, en casa, más tranquila y, de vez en cuando, contemplando esta foto que refleja nuestro pasado… un pasado signado por el dolor, la pérdida; pero con la mirada, la mente y el corazón, puestas en un futuro mejor, como lo hemos logrado.



Autora: Iris Ponce
Inspiración Visual No.125
Mayo 17, 2018

miércoles, 16 de mayo de 2018

CUATRO VIDAS... (INSPIRACIÓN VISUAL)



CUATRO VIDAS…

Como tantas, otras vidas se apagaron esa tarde; un vendaval terrible azotó el pueblo y así como llegó arrasando con todo a su paso, se marchó dejando una estela de muerte y dolor.

Cuatro vidas se apagaron, cuatro niños que jamás pensaron se irían de este mundo, Todo comenzó esa mañana, cuando salieron a jugar; a pesar de la advertencia hecha por sus padres de la fuerte lluvia que se avecinaba, pues lo habían pronosticado; ellos, niños al fin, hicieron caso omiso  y en plena llovizna salieron a la calle, que esa mañana se encontraba sola.

Lluvia, rayos, truenos, viento… era la música que acompañaba a todos en el pueblo; pero venía de lejos, aún no llegaba y por eso, ellos jugaban; el viento de a poco fue incrementándose, llevándose por delante techos de viviendas que se desprendían como hojas de papel; al igual que las puertas y ventanas que rodaban, golpeando cuanto a su paso se encontraban.

El susto se fue apoderando de los chicos que, sin pensarlo decidieron parar el juego e irse a sus casas; pero fue demasiado tarde esa decisión; de pronto una fuerte ráfaga de viento levantó del piso al más chico, quien desesperado se agarró de su hermanito, que al igual que él fue arrastrado, los otros 2, tratando de salvarlos de la fuerte brisa los tomaron por los pies, dejando en el suelo sus zapatos y de un solo plumazo, se fueron en un torbellino…

Solo quedaron sus zapatos, los cuales luego de pasado el vendaval fueron recogidos por sus familiares.

Pasado el tiempo, siempre que llueve, en el charco que deja el agua, se ven acomodados, cuatro pares de zapatos y con ellos la silueta de las piernitas de los chicos, los cuales jamás regresaron.



Autora: Iris Ponce
Inspiración Visual No,124
Mayo 13, 2018
   

martes, 17 de abril de 2018

ESA NOCHE... INSPIRACIÓN VISUAL No.123



ESA NOCHE…

Fue una noche muy especial; porque mis abuelos, esos hermosos viejitos, celebraban setenta y ocho años de unión; toda una vida… con momentos muy duros y difíciles; pero con muchos momentos hermosos; sobre todo, cuando dieron vida a sus hijos, nueve en total, para ese entonces, el matrimonio era lo esencial; donde la familia era lo primero; y mientras más muchachos concibieran…  mejor, ya que para la época, una familia grande era lo ideal.

Mis abuelos, hijos de familia no muy ricas pero si bien acomodada, se conocieron desde muy niños en el colegio; y sin pensarlo fueron creciendo con una muy bonita comunión; así pasó el tiempo, llegó el momento en que cada uno siguió su rumbo; mi abuelo marchó a cumplir con el sagrado deber de servir a la Patria; y mi abuela continuó sus estudios en la universidad, graduándose con honores en la carrera de medicina, especializándose en pediatría. Con el paso de los años, vino el reencuentro, el noviazgo y el matrimonio.
Esa reunión, sería un bonito acontecimiento; y por ello debíamos hacer algo único, que perdurara en el recuerdo de todos los que nos encontráramos esa noche.

Con anticipación, habíamos acordado reunirnos todos los miembros de la familia; sus hijos, los hijos de sus hijos e inclusive, los bisnietos.  En total, estaríamos presentes en esa reunión, sino había contratiempos, alrededor de unas ochenta y cinco personas entre adultos, adolescentes y niños.

Todo resultó como esperaba, en mis manos quedó todo lo relacionado con la comida, pasa palos, bebidas y demás; mi hermana Rosa, se encargó del arreglo de la casa de campo, lugar donde acordamos reunirnos, sacando a los abuelos de su acogedor hogar para llevarlos hasta allá.

La casa, conservaba el esplendor de antes y Rosa, tuvo el tino de decorar con muchos portarretratos y objetos antiguos guardados en el desván, fotos de antepasados (padres de mis abuelos, sus hermanos, algunos ya habían partido de este plano terrenal) y los recuerdos de infancia de sus hijos, los tíos,  los cuales colocó sobre maletas que se encargó de desempolvar, lustrar y adornar con flores cortadas del jardín.

Los abuelos, a su llegada al ver todo aquello, no aguantaron las lágrimas por la emoción de la sorpresa  y al mismo tiempo, agradeciendo a Dios, el poder celebrar junto a nosotros ese momento.

Fue una noche cargada de emociones, muy especial, grata y hermosa, todos disfrutamos de la cena, la sobremesa y luego, con una copa en la mano, brindamos por esos setenta y ocho años de feliz convivencia y de esos recuerdos que mis abuelos se encargaron de ir comentando a medida que pasaban la vista por cada uno de ellos.

... Pero como todo acaba, esa noche pasó y hoy, a cuatro años de ese memorable encuentro, recordamos la fecha, ya que fue la última reunión con ellos, ya no están con nosotros, partieron así como llegaron, amándose y juntos se fueron al cielo, donde de seguro San Pedro los recibió con una hermosa canción para festejar esos años de vida, donde sirvieron a Dios y a todo el que de ellos necesitó.

Esa noche de seguro, vivirá en el recuerdo de todos los que tuvimos la dicha de estar con ellos…


Autora: Iris Ponce
Inspiración Visual No. 123
Abril 17, 2018

sábado, 17 de marzo de 2018

HABLANDO CONTIGO SEÑOR (INSP. VISUAL No.121)


HABLANDO CONTIGO SEÑOR...

Hoy decidí dejar todo en casa y salí en silencio, buscando encontrarme contigo, como otras tantas veces lo he hecho.

He llegado a este hermoso paraje, donde vengo cuando necesito estar a solas conmigo.

Es tan tranquilo y hermoso… solo siento el murmullo del viento cuando pasa por entre esas montañas y susurra a mi oído, se respira paz y eso es lo que necesito en este momento para poder conversar contigo Señor!

Sé estás allá arriba, en ese cielo tan azul y tan claro, en este momento, imagino que esas pequeñas nubes que surcan el horizonte, son ángeles que van sembrando semillas de esperanza en este mundo que tanto lo necesita.

¿Sabes? mañana es mi cumpleaños, ya catorce años y a pesar de todo, me siento triste, mamá, encerrada en su mundo desde que papá murió; mis hermanitos, son tan pequeños que no entienden nada de lo que sucede, solo saben que papá no está y preguntan; y cuando lo hacen, solo ven a mamá llorando y por más que les explico, no entienden por qué se fue al cielo.

Señor, sé que nuestra vida ha dado un vuelco muy grande, papá lo era todo, dueño y señor en esa casa grande, grande como esta inmensidad en la que ahora me encuentro. Una casa construida con mucho sacrificio y amor.

Como ves, porque no tengo qué decirlo, ya que todo lo sabes, quisiera poder hacer algo para aliviar el dolor de mamá; me duele verla sufrir tanto, hago lo que puedo, ayudo más de lo normal, atiendo a mis hermanitos, voy al liceo y cumplo con todas mis obligaciones, soy buen estudiante y deseo que pasen estos años rápido para graduarme y hacer que mi mami sea feliz.

Solo te pido Señor, ayúdala a que pronto pase su dolor; sé que jamás podrá olvidar lo vivido, fueron muchos años juntos; pero al menos has que vuelva a sonreír, que no se encierre en su mundo y que si puedes, dale la oportunidad de volver a ser feliz.

Me encantaría que con papá ocurriera lo mismo que pasó contigo que al tercer día resucitaste; o que hicieras como hiciste con Lázaro, que lo levantaste de la tumba; sé es imposible; pero quiero para mi cumpleaños una sonrisa de mi madre, no deseo nada más; no quiero regalos, no quiero sorpresas, solo verla sonreír, con eso, me harías feliz.

Ahora, luego de conversar contigo, me siento más aliviado, ya pasó la etapa de la niñez, soy un adolescente que va camino a la adultez y deseo me concedas la gracia de no perderme en el camino, de ser útil y de ser un profesional, próspero y con mucho éxito en la vida.

Solo eso te pido hoy Señor!

Ahora te dejo, no sin antes orar junto a ti esa pequeña oración que me enseñaron desde niño para agradecerte por todo lo que nos das.

Padre Nuestro que estás en los cielos…


Autora: Iris Ponce
Inspiración Visual No. 121.

Marzo 17, 2018

viernes, 16 de marzo de 2018

FLORES PARA MI MADRE...


FLORES PARA MI MADRE
Madre…

Hoy con una mañana clara, caminando por la pradera, vislumbrando el horizonte y camino a casa, divisé hermosas flores campestres de muchos colores; y contemplándolas recordé que a ti, te encantaba el color moradito claro en las flores y por ello, me dediqué a cortar las más hermosas buscando tu tono favorito.

Luego, ya cumplido mi cometido, respirando aire fresco y recordando tu sonrisa cuando te llevaba flores, regresé a tu hogar, nuestro hogar, donde hoy día reposan tus cenizas.

Decidimos todos los hermanos,  no depositar tus restos en el cementerio; sino conservarlos con nosotros, en tu cuarto; que hasta el sol de hoy, está exactamente igual como lo dejaste, nada fuera de lugar, todo acomodado y en orden, como te gustaba.

Ya casi cumples tres años de no estar con nosotros; y tu ausencia persiste cada día, te siento y me viene a la mente cuando cada día me llevabas el café a la cama y conversábamos de mis poemas que te leía ansiosa por recibir tu aprobación.

Estas flores con mucho amor, las corté para ti y siempre que pueda, volveré a esa pradera para buscar las más hermosas y coloridas para adornar tu hogar, tu santuario, donde por siempre vivirás.

Con todo mi amor, dedico este relato a mi mami, quien el próximo 13 de abril cumplirá tres años de ausencia física, mas no está ausente en el corazón de sus hijos, porque siempre allí vivirá.


Autora: Iris Ponce
Marzo 03, 2018
Inspiración Visual No.120

sábado, 17 de febrero de 2018

VEJEZ...


VEJEZ…

Sentada en la entrada de la que aún era su casa, cubierta con el chal negro que siempre le acompaña, con la vista fija en el horizonte, pensando en no sé qué se encontraba Camila, su mente divagaba, pasado, presente… futuro de pronto como en un sueño, devolvió el tiempo y recordó lo hermosa que fue su vida.

Una niñez privilegiada al igual que su adolescencia, rodeada no de lujos; pero si de comodidades, buenas y honestas amistades, sus estudios al día, tanto así que se graduó en una prestigiosa universidad como Licenciada en Letras, con honores, trabajó en lo que le gustaba y; aunque tuvo pretendientes, ninguno fue lo suficientemente bueno para lo que ella ansiaba en esos momentos.

Por ello, no se casó, y aunque tuvo la oportunidad de convivir en pareja, siempre antepuso su trabajo y su independencia a lo demás; no tuvo la dicha de ser madre, por lo tanto, no tuvo descendencia y quizás su destino hubiese sido distinto de haber pensado y actuado diferente.
Ya, a su edad, está sola, sus padres, hace mucho que partieron, sus mejores amigos, recuerda cada quien marcó su rumbo y no sabía nada de ellos, con el paso del tiempo se fueron distanciando, sus cartas, al igual que las de ella, llegaban cada vez menos, hasta que un día, ya no hubo más contacto.

Así que hoy, vieja y sola, sin más esperanzas ni futuro, espera  Dios se apiade de ella, y que llegue su muerte para descansar en paz; si es que en verdad se llega a un paraíso como dicen.

Qué triste es llegar a viejo, sin cariños ni ilusión, sin tener tan siquiera nietos que revoloteen a su alrededor jugando y contándole historias para verles sonreír o asustarse con los cuentos; o haber tenido un compañero para pasar estos últimos años, haciéndose compañía…

Pero bueno, esa fue la vida que escogió, lo que sabiendo o no pensó era lo que debía hacer; así que no reniega de su pasado, pero si piensa en lo que pudo haber sido y no fue.

Así, llegó la noche y  ella sentada en su portal, se quedó dormida… para ya no despertar.



Autora: Iris Ponce
Febrero 17, 2018

Inspiración Visual 119

sábado, 10 de febrero de 2018

SIN DESTINO...


SU DESTINO…

Solo, sin amigos, sin familia, sin un lugar donde guardarse para acallar este dolor que le consumía y que de a poco estaba destruyendo su vida, se encontraba Ramiro.

Por su mala cabeza perdió el comercio que tenía, descuidó su hogar en parrandas con sus “amigos” y cuando se vio sumido en la desgracia, como era lógico, buscó el apoyo de quienes en los buenos momentos lo acompañaban; pero ninguno salió a darle la mano, todos con pretextos, le dejaron.

Como alma en pena fue a casa y la encontró vacía, su mujer Aurora, le había dejado, se había llevado todo, incluyendo a sus tres hijos.

Salió como alma en pena de la estancia que otrora fuera su hogar, su refugio, tocó puertas sin respuesta, nadie le pudo dar razón de su familia, nadie había visto nada…

Luego de horas y búsqueda infructuosa, siguió caminando sin rumbo fijo, así llego la noche, el amanecer, otra noche, otro día… ¡nada!

Así pasaron días, ya ni sabía cuantos, solo y sin comida, sintiendo el frío que se le pegaba a la piel siguió su camino, exhausto ya de tanto caminar, decidió tumbarse al lado de una vereda y allí quedose dormido; no supo cuánto tiempo durmió; de pronto en medio de su sueño, casi pesadilla, sintió que alguien le tocaba, sorprendido y temeroso salto de golpe y se topó con un anciano, que con pena le observaba, preguntándole qué le había sucedido, por qué se encontraba así tirado en el camino, sin casi ropaje para cubrirse del viento helado que azotaba esa mañana.

Sin respuestas para darle, decidió emprender su caminata; pero el anciano preocupado le siguió y al verlo perdido, le propuso acompañarle.

El anciano, resultó ser el párroco de un pueblo muy distante, que venía de dar los santos  oleos a una mujer que no pudo vencer al cáncer. Caminando por horas, llegaron al monasterio donde hacían vida él y cuatro estudiantes.

Lo primero que hizo, fue darle una muda de ropa para que se calentara, le dio de comer, lo cual devoró a toda prisa y luego le llevó a una habitación para que descansara como debía.

Ramiro, más que agradecido, besó la mano del cura y al quedarse solo, contemplo el lugar que le habían destinado.

En la habitación, sus únicos compañeros eran una pequeña mesita, una silla, la lámpara que colgaba del techo y aquella ventana…

Este era el último lugar del mundo donde hubiese pensado estar.

De pie frente a la ventana, observaba como los tenues rayos de un sol que de a poco iba agarrando cuerpo, se posicionaba del espacio, brindando un poco de calor a la estancia.

Piensa en su futuro…  ¿Que sería de su vida ahora; que será de su mujer y de sus hijos, que pensarán, dónde estarán? Todas esas preguntas se las hacía contemplando el horizonte por aquella ventana que por ahora sería lo único que tendría para mirar su futuro.

Así pasó el tiempo; y de a poco se fue integrando a la vida en  el monasterio donde consiguió hallar la paz que tanto ansiaba.  En el día ayudaba al resto de los habitantes en las faenas del campo, sembrando y recolectando los frutos y hortalizas para alimentarse y alimentar a los feligreses que se acercaban a comprar más económicas las verduras que allí se vendía para contribuir con el mantenimiento de la sacristía; y luego en las tardes, iba al servicio religioso.

Así conoció la vida seglar y se fue acostumbrando a aquella situación que por su mala cabeza le llevó a perderlo todo.

Siempre al amanecer, ya listo para salir a la faena, se quedaba contemplando esa ventana y pensaba… pensaba.


Autora: Iris Ponce
Febrero 10, 2018
Inspiración Visual 118


domingo, 19 de noviembre de 2017

RECORDANDO EL PASADO



RECORDANDO EL PASADO

Luego de mucho años de ausencia, vuelvo al hogar que me vio nacer, la casa de mis abuelos, luego de mis padres y ahora mía.

Mi regreso... tal vez la curiosidad; porque esta inmensa casa, hoy vacía, trae cantidad de recuerdos, muchos gratos, otros con sorpresas, sustos, miedos y sobresaltos.

Recuerdo aquella mañana, contaba con diez años, jugaba en la cama con mis muñecas y de repente, una corriente de aire muy fuerte, hizo se abrieran las ventanas de par en par: el golpe, la brisa y el miedo, aunado al ruido sordo y seco que venía del exterior, hizo saltara y me escondiera bajo la cama.

No sé cuánto tiempo transcurrió de aquello; pero algo se acercaba, había entrado por una de esas ventanas y venía hacia mi, a pesar de estar escondida. Mi primer impulso fue gritar; pero si lo hacía, mas rápido llegaría.

Cerré mis ojos y comencé a rezar en silencio toda oración que a mi mente asomaba. Lo que sea estuviese en mi cuarto buscaba algo que no encontraba.

De pronto, se ilumina la habitación, abro los ojos y una luz muy blanca cegaba mi visión; dos sombras parecían girar y volar alrededor de la cama... había sido descubierta.

Todo mi cuerpo temblaba, apretaba fuertemente los brazos contra el pecho, mientras el miedo crecía; y en el acto, zuas!!! una calavera asoma!

El grito fue tan aterrador, que, las sombras desaparecieron, o eso fue lo que presencié. Dos minutos mas tarde, sentí pasos y mi madre llamándome alterada.

Salgo debajo de la cama y cuando reparo, la bendita calavera era el esqueleto que mi hermano, estudiante de medicina usaba. La misma, con la brisa tan fuerte que había entrado por la ventana, la había arrastrado.

Hoy delante de la ventana, sonrío al recordar ese episodio que, aunque duró unos minutos, pareció mucho tiempo.

aquí parada, recuerdo claramente lo sucedido, fueron escasos minutos; pero para mi, demasiado tiempo!



Autora: Iris Ponce
Inspiración Visual

RECUERDOS...




RECUERDOS

¡Cuantos años han pasado desde esta imagen tomada por tu padre, cuando apenas contabas tres añitos Cristina!

Fue un día hermoso y agotador porque eras incansable a esa edad y aunque ha pasado el tiempo, sigues con la misma energía que hasta yo envidio.

- Cristina sonreía y se le hacían los mismos hoyitos de antes.

Aún recuerdo ese atardecer, ya casi oscurecía y seguías montada en el columpio, queriendo que te meciera mas fuerte, porque querías tocar las estrellas que ya empezaban a asomar en el firmamento.

Como reías; y a medida que te columpiaba me decías “mami dale duro, anda dale” al final ya las dos cansadas, decidimos parar y junto a papá entramos a la casa, te bañé, te puse la pijama, cenamos y luego de contarte un cuento, te quedaste dormida.

Que de recuerdos me trajo esta foto!

Hoy ya eres toda una joven hermosa, próxima a cumplir tus 15 primaveras, ya entraras en sociedad!

Tu padre y yo hemos planeado festejarlo; pero a pesar de que lo hemos hablado, deseamos seas tu la que decida qué quieres hacer!

Pero antes... quieres volvamos al jardín y como antes mecerte en el columpio?


Autora; Iris Ponce
Inspiración Virtual 107

martes, 5 de septiembre de 2017

SI... SI, EN EL CAMPOSANTO...


SI… SI, EN EL CAMPOSANTO

Ustedes tal vez piensen que estoy loca, que me falta un tornillo o que simplemente soy masoquista; pero no, no es así, simplemente que, desde pequeña, he sentido la necesidad de alejarme del mundo cuando quiero pensar y escribir.

Y como siempre, qué mejor lugar para disfrutar de la apacible soledad del mundo que un Camposanto? Si, ese lugar donde reposan los restos de mis seres queridos y de tantas miles de personas que dejaron de pertenecer a este plano terrenal; y allí,  entre conversa y conversa con ellos, salen a relucir muchas viejas historias, de vividos momentos que en ocasiones me hacen reír y en otras llorar.

No, no piensen que porque digo que converso con mis muertos estoy de atar; no, es que es tanta la soledad que se respira en estos lugares; y se compenetra una con el entorno, que siento que ellos están allí; y aunque en realidad nadie pueda escuchar lo que pudieran decir,  los escucho y percibo que al plantearles una pena, problema o dolor, ellos me dan la solución a mis males.

Si, allí estoy yo, rodeada de mis muertos, sentada sobre la tumba de un muy querido familiar y pensando en que debo realizar una composición poética para un concurso en el cual he de participar; pero debo versar sobre una imagen un tanto complicada y aquí, aunque no lo crean, he de conseguir ese momento especial para desbordar mis sentimientos, versar o contar una pequeña historia que no me deje mal parada y que sientan que en verdad, vale la pena leer lo que escribo.

Hoy está mas solo que nunca el Cementerio, el tiempo está frío, como con ganas de llover y, a pesar de que los árboles me hacen sombra; si lloviera con demasiada fuerza, no habrá árbol que pueda hacer esquivar la lluvia; así que lamentándolo mucho, esta vez no voy a escribir desde aquí, ya que la inspiración no llegó, así que recorro  mis pasos, me despido de mis seres queridos y parto a soñar en otro puerto que me permita concluir lo que aquí comencé y la  lluvia que se aproxima detuvo.



Autora: Iris Ponce
Septiembre 05, 2017

Inspiración Visual 109

viernes, 15 de enero de 2016

NO ME DEJES...


NO ME DEJES!

Aurora y José Ramón, se conocían desde niños, habían asistido juntos al colegio, eran compañeros de correrías y de juegos; crecieron y conservaron esa hermosa amistad; los años transcurrieron y todo con mucha normalidad; hasta ese día…

Una fecha especial, reunió a todo el grupo de amigos que por tantos años, habían estudiado y compartido esa vida de estudiantes; hoy día, todos profesionales, entre ellos, médicos, abogados. ingenieros, consultores, etc., todos emocionados con este reencuentro que serviría para recrear esos momentos vividos.


Fue una tarde noche especial, hubo de todo, y todos disfrutaron de la velada que se extendió hasta el amanecer.

Para entonces, ya algunos habían marchado, ya que el camino de regreso era largo, pues la reunión se había realizado en la casa de campo de los abuelos de José Ramón, quienes gustosamente la cedieron para este acontecimiento.

Mucha música, pasapalos, bebidas  y comida campestre en la tarde y ya, para la noche, todos en traje formal brindaron y celebraron la amistad por tantos años cosechada.

Aurora y José Ramón fungieron como anfitriones y en verdad, la reunión les quedó espectacular, nada de desperdicio, todos quedaron complacidos y felices marcharon, augurando futuras reuniones..

En la soledad de la estancia, José Ramón vio la gran oportunidad, para declararle su amor a Aurora, ese que por tantos años había guardado celosamente en su corazón,  ya que veía imposible que siendo tan amigos, ella, pudiera corresponderle; más sin embargo, tuvo la fuerza y el valor, en aquella estancia, de hablarle de sus sentimientos, le contó como desde niños, se había fijado en ella en aquel parque de juegos.

Desde entonces, aún siendo niño, supo que ella era a quien quería y con el paso del tiempo, ese sentimiento se fue acrecentando, haciéndose cada vez mas fuerte; pero sin atreverse a manifestarlo.

Aurora, en silencio, escuchó toda la historia, desde el colegio, secundaria y la universidad, pasando por sus cortas ausencias motivadas las mismas por sus trabajos y ocupaciones diferentes.

Estaba sorprendida con esta confesión que le hacía José Ramón, jamás, ni en sus sueños imaginó que sucediera esto.

Sin palabras para contestar a sus argumentos, sólo sonrió y al pretender dar la vuelta, escuchó cuando José Ramón le dijo… No me dejes, no ahora sin una respuesta; y sin más la besó.

Aurora,  incapaz de huir del abrazo y beso que movió hasta la última fibra de su ser, se dejó llevar por la emoción del momento y respondió con la misma fuerza.

Descubrió, que también le amaba; y que sin quererlo, estaba enamorada de su mejor amigo; así que desde ese instante, la unión entre ellos fue motivo de alegría para los abuelos de José Ramón y para los padres de Aurora, quienes llegaron a pensar que su única hija no se casaría jamás ni les daría descendencia.

Todo fue rápido y sin mucha pompa, planearon y llevaron a cabo la boda, que fue celebrada por el párroco de la Iglesia cercana a la hacienda, con la presencia de los abuelos de José Ramón, los padres de Aurora, los familiares más allegados de ambos;  y sin dudar, el grupo de amigos que desde el momento de aquella reunión, fueron más unidos que nunca.

Su luna de miel… algo íntimo y especial en un motelito alejado del mundo, donde disfrutaron del comienzo de sus vidas juntos.

Así concluye esta historia de amor entre dos amigos que, sin pensarlo, unieron sus vidas para siempre…


Autora: Iris Ponce
Diciembre 15, 2015

martes, 24 de noviembre de 2015

VENDAVAL...


VENDAVAL...

La tarde moría, la noche se acercaba y con ella, un mal presagio, el cielo, rojo, encapotado, hacía más denso el ambiente, era extraño, con un tiempo así, el aire debería rugir entre los árboles, la brisa debería levantar la tierra a su paso; pero no, no era así, algo raro traía esta tarde en especial.

En las caballerizas, los caballos se mostraban agitados, intranquilos, relinchaban, como queriendo escapar de aquél lugar, nadie imaginaba lo que se avecinaba, salvo ellos.

Dicen que los animales tienen ese sexto sentido que a los humanos nos cuesta detectar, y que tan solo lo vemos, cuando tenemos encima el problema; pero en esta oportunidad, Pedro el dueño de la hacienda, si supo lo que avecinaba…

Su olfato auguraba tormenta y sin pensarlo 2 veces, recordando lo sucedido 5 años atrás en una hacienda aledaña, donde la tormenta llegó de tal manera, que no se salvó casi nada. 

De inmediato llamó a sus peones y les indicó que aseguraran muy bien los establos, que se hacía necesario buscar madera para resguardar a los animales que allí se encontraban, las caballerizas eran seguras; mas sin embargo, tomar las previsiones no estaba de más.
Enlazó a su mejor caballo y con 2 peones más, recorrieron los alrededores, para asegurarse que el ganado estaba resguardado.

Ya de regreso, sintió la brisa que se acentuaba, el cielo más oscuro con nubes negras muy cargadas y a escasos minutos, se desató una lluvia fuerte, densa, casi no se divisaba el panorama, se resguardó en la casa, su esposa un tanto nerviosa y sus hijos correteando de arriba a bajo por las escaleras.

Ella se abrazó a él y sólo atinó a decirle que todo pronto pasaría; pero no fue así, la lluvia siguió arreciando, se quedaron a oscuras  pues se fue la luz, los niños gritaron  ahora si, asustados, era una gigantesca tormenta, con vientos huracanados y a medida que transcurrían las horas, se tornaba peor la situación, se aventuró a salir y lo que veía nada bueno auguraba, se había anegado la caballeriza y 2 de los caballos estaban ahogados, casi sin vida, entre ellos su mejor caballo.

No supo que hacer, trató de rehabilitarlo… pero nada, no pudo llamar al veterinario pues las redes telefónicas se habían caído con la tormenta, donde guardaba  el ganado, se habían volado las cercas al igual que la madera y ya no estaban las vacas, las gallinas,  sumergidas en el agua… todo perdido.

Al final, casi amaneciendo, con el mismo cielo encapotado y enrojecido, pero amainada la tormenta, montado en la barda donde entrenaban los caballos, lloró su pérdida.

Su hermoso caballo, su compañero había muerto, solo restaba esperar que bajaran las aguas y comenzar de nuevo...


Autora: Iris Ponce
Noviembre 15, 2015
Inspiración Visual LXXIII