lunes, 2 de julio de 2018

SIEMPRE QUERIENDO JUGAR





SIEMPRE QUERIENDO JUGAR …

Juancito, era un pequeño de 8 años, nacido de una relación furtiva, donde no había papá; y una madre que para vestirlo, darle educación y alimento, debía salir temprano cada día a trabajar en casas de familia, limpiando y planchando ropa. por lo cual, si no tenía la compañía de una amiga de su mamá,  le tocaba quedarse solo en casa luego de llegar del colegio.

Vivían en un barrio muy pobre; pero en casa, no les faltaba casi nada, tenían cubiertas las necesidades básicas y como cada tarde, luego de hacer sus deberes y tareas, agarraba su balón de futbol, regalo que le dejó el niño Dios en el último año y salía a un campo cercano a su casa, para ver las caimaneras que se formaban en el terreno y con la intención de participar en el juego; pero por ser pequeño, siempre quedaba fuera y le tocaba observar sentado sobre su balón, el desarrollo del juego.

Así pasaba los días, sólo observando; pero una tarde sin esperarlo, el Sr. José, quien hacía las veces de entrenador,  habiendo presenciado la emoción y entusiasmo que se reflejaba en la mirada del niño, le convidó a participar por un rato del juego y, al ver la manera en la que el chiquillo manejaba el balón, le dejó que se acercara siempre que quisiera y formara parte de un equipo; para lo cual, necesitaba hablar con su madre.

Desde ese día, todas las tardes y con más entusiasmo, hace sus tareas y deberes para luego ir al campo a jugar el deporte que mas le gusta.

Luego de varios meses de entrenamiento,  Juancito fue invitado a formar parte oficialmente, de un equipo de futbol, cumpliendo así su sueño de siempre querer jugar.


Autora: Iris Ponce
Inspiración visual No. 126
Junio 22, 2018



viernes, 1 de junio de 2018

SENTIRES... RETO




SENTIRES

Era de noche; y como siempre,  a la misma hora, subía desde casa a visitar mi OCÉANO, así le decía, mío; porque desde años atrás, era mi aliado, mi silente amigo y confidente.

A él le contaba de mis desvelos, de mis cuitas de amor, de mis logros y fracasos, para luego, con la cabeza  fresca, plasmar mis pensamientos en esos locos poemas que de seguro muchos de ustedes habrán leído.

Desde arriba lo contemplaba. Iba y venía, se acercaba y retrocedía; y solo dejaba en cada viaje la ESPUMA que, rápidamente se mezclaba con la cálida arena.

La luna se reflejaba en esas cálidas aguas y, de vez en cuando, me dejaba un LAMPO tan claro, que podía divisar a los pescadores  que lanzaban sus redes procurando el momento preciso para atrapar grandes cantidades de peces, esa LUZ se quedaba en mí, al igual que los MURMULLOS  de voces de los pescadores que llegaban a mi como respondiendo las interrogantes que lanzaba al mar.

Así transcurrían las horas hasta que satisfecha con mi largo paseo… retornaba a la quietud del hogar, para luego en mi diario, dejar  escrito, un día mas en mi solitaria vida.


Autora: Iris Ponce
Junio 01, 2018
Retos intelectuales del Poeta
  


viernes, 18 de mayo de 2018

QUE DE RECUERDOS... INSPIRACIÓN VISUAL No.125



QUE DE RECUERDOS…

Contemplo la foto tomada por mi hermano… y me remonto al pasado, cuando en el parque mis hijos Carlos y Alberto  entusiasmados, trataban de hacer que navegara su pequeña embarcación, regalo de su Padrino Miguel.

Éramos muy pobres en ese momento; mas sin embargo, la sorpresa recibida  por ese presente inesperado, fue lo más hermoso que pudieron reflejar sus caritas, ver y sentir la emoción de esos pequeños nos enterneció a todos.

Enviudé demasiado pronto, mis hijos contaban apenas con  dos y tres años cuando su padre, que en paz descanse, falleció en ese terrible accidente de tránsito; así que tocó ser madre y padre para mis niños; pero gracias a Dios, conté con la ayuda de su Padrino, mi hermano Miguel y de su esposa Clara, quien se ofreció a cuidarlos, mientras yo trabajaba en una fábrica que, relativamente, quedaba cerca de nuestra casa.

Así que mis niños quedaban al cuidado de Clara hasta que llegaba yo sobre las 6:00 de la tarde, luego de una ardua y agotadora faena de trabajo; pero ya en casa, se pasaba el cansancio y con todo el amor, atendía a mis hijos que, muy juiciosos, colaboraban en todo lo que su corta edad les permitía. 

Pero bueno, vuelvo a la foto!  Era domingo y decidimos que después del almuerzo los llevaríamos al parque; así que con gran rapidez, toco preparar la comida, cambiar a los niños, acomodarme y salimos camino al lugar dispuesto por mis hijos para poner en el agua su barquito.

Fue lindo en verdad ver las ganas y la emoción con la que echaron al agua su regalo y, ayudados por una varita que conseguimos, colocaron su barquito dejando que el mismo flotara en el lago. 

Era emocionante verlos sonreír conversar entre ellos diciendo hacia dónde debía ir el barquito, absortos en su faena, olvidando que nosotros estábamos allí también.

Sus caras de satisfacción eran para mí, un tesoro de incalculable valor. Verlos allí con su ropita de los domingos, sus zapatitos gastados pero limpios, así como sus mediecitas y sus gorras, salpicando agua, era una delicia.  Quedó esta foto de recuerdo tomada con la camarita vieja de mi hermano.

…El tiempo ha pasado, de esa foto hace ya muchos años, exactamente veinticuatro; mucha agua ha corrido desde entonces y nuestras vidas, a medida que fue pasando el tiempo, fue mejorando, mis hijos hoy, uno médico pediatra y el otro ingeniero mecánico; yo, en casa, más tranquila y, de vez en cuando, contemplando esta foto que refleja nuestro pasado… un pasado signado por el dolor, la pérdida; pero con la mirada, la mente y el corazón, puestas en un futuro mejor, como lo hemos logrado.



Autora: Iris Ponce
Inspiración Visual No.125
Mayo 17, 2018

miércoles, 16 de mayo de 2018

CUATRO VIDAS... (INSPIRACIÓN VISUAL)



CUATRO VIDAS…

Como tantas, otras vidas se apagaron esa tarde; un vendaval terrible azotó el pueblo y así como llegó arrasando con todo a su paso, se marchó dejando una estela de muerte y dolor.

Cuatro vidas se apagaron, cuatro niños que jamás pensaron se irían de este mundo, Todo comenzó esa mañana, cuando salieron a jugar; a pesar de la advertencia hecha por sus padres de la fuerte lluvia que se avecinaba, pues lo habían pronosticado; ellos, niños al fin, hicieron caso omiso  y en plena llovizna salieron a la calle, que esa mañana se encontraba sola.

Lluvia, rayos, truenos, viento… era la música que acompañaba a todos en el pueblo; pero venía de lejos, aún no llegaba y por eso, ellos jugaban; el viento de a poco fue incrementándose, llevándose por delante techos de viviendas que se desprendían como hojas de papel; al igual que las puertas y ventanas que rodaban, golpeando cuanto a su paso se encontraban.

El susto se fue apoderando de los chicos que, sin pensarlo decidieron parar el juego e irse a sus casas; pero fue demasiado tarde esa decisión; de pronto una fuerte ráfaga de viento levantó del piso al más chico, quien desesperado se agarró de su hermanito, que al igual que él fue arrastrado, los otros 2, tratando de salvarlos de la fuerte brisa los tomaron por los pies, dejando en el suelo sus zapatos y de un solo plumazo, se fueron en un torbellino…

Solo quedaron sus zapatos, los cuales luego de pasado el vendaval fueron recogidos por sus familiares.

Pasado el tiempo, siempre que llueve, en el charco que deja el agua, se ven acomodados, cuatro pares de zapatos y con ellos la silueta de las piernitas de los chicos, los cuales jamás regresaron.



Autora: Iris Ponce
Inspiración Visual No,124
Mayo 13, 2018
   

martes, 17 de abril de 2018

ESA NOCHE... INSPIRACIÓN VISUAL No.123



ESA NOCHE…

Fue una noche muy especial; porque mis abuelos, esos hermosos viejitos, celebraban setenta y ocho años de unión; toda una vida… con momentos muy duros y difíciles; pero con muchos momentos hermosos; sobre todo, cuando dieron vida a sus hijos, nueve en total, para ese entonces, el matrimonio era lo esencial; donde la familia era lo primero; y mientras más muchachos concibieran…  mejor, ya que para la época, una familia grande era lo ideal.

Mis abuelos, hijos de familia no muy ricas pero si bien acomodada, se conocieron desde muy niños en el colegio; y sin pensarlo fueron creciendo con una muy bonita comunión; así pasó el tiempo, llegó el momento en que cada uno siguió su rumbo; mi abuelo marchó a cumplir con el sagrado deber de servir a la Patria; y mi abuela continuó sus estudios en la universidad, graduándose con honores en la carrera de medicina, especializándose en pediatría. Con el paso de los años, vino el reencuentro, el noviazgo y el matrimonio.
Esa reunión, sería un bonito acontecimiento; y por ello debíamos hacer algo único, que perdurara en el recuerdo de todos los que nos encontráramos esa noche.

Con anticipación, habíamos acordado reunirnos todos los miembros de la familia; sus hijos, los hijos de sus hijos e inclusive, los bisnietos.  En total, estaríamos presentes en esa reunión, sino había contratiempos, alrededor de unas ochenta y cinco personas entre adultos, adolescentes y niños.

Todo resultó como esperaba, en mis manos quedó todo lo relacionado con la comida, pasa palos, bebidas y demás; mi hermana Rosa, se encargó del arreglo de la casa de campo, lugar donde acordamos reunirnos, sacando a los abuelos de su acogedor hogar para llevarlos hasta allá.

La casa, conservaba el esplendor de antes y Rosa, tuvo el tino de decorar con muchos portarretratos y objetos antiguos guardados en el desván, fotos de antepasados (padres de mis abuelos, sus hermanos, algunos ya habían partido de este plano terrenal) y los recuerdos de infancia de sus hijos, los tíos,  los cuales colocó sobre maletas que se encargó de desempolvar, lustrar y adornar con flores cortadas del jardín.

Los abuelos, a su llegada al ver todo aquello, no aguantaron las lágrimas por la emoción de la sorpresa  y al mismo tiempo, agradeciendo a Dios, el poder celebrar junto a nosotros ese momento.

Fue una noche cargada de emociones, muy especial, grata y hermosa, todos disfrutamos de la cena, la sobremesa y luego, con una copa en la mano, brindamos por esos setenta y ocho años de feliz convivencia y de esos recuerdos que mis abuelos se encargaron de ir comentando a medida que pasaban la vista por cada uno de ellos.

... Pero como todo acaba, esa noche pasó y hoy, a cuatro años de ese memorable encuentro, recordamos la fecha, ya que fue la última reunión con ellos, ya no están con nosotros, partieron así como llegaron, amándose y juntos se fueron al cielo, donde de seguro San Pedro los recibió con una hermosa canción para festejar esos años de vida, donde sirvieron a Dios y a todo el que de ellos necesitó.

Esa noche de seguro, vivirá en el recuerdo de todos los que tuvimos la dicha de estar con ellos…


Autora: Iris Ponce
Inspiración Visual No. 123
Abril 17, 2018

sábado, 17 de marzo de 2018

HABLANDO CONTIGO SEÑOR (INSP. VISUAL No.121)


HABLANDO CONTIGO SEÑOR...

Hoy decidí dejar todo en casa y salí en silencio, buscando encontrarme contigo, como otras tantas veces lo he hecho.

He llegado a este hermoso paraje, donde vengo cuando necesito estar a solas conmigo.

Es tan tranquilo y hermoso… solo siento el murmullo del viento cuando pasa por entre esas montañas y susurra a mi oído, se respira paz y eso es lo que necesito en este momento para poder conversar contigo Señor!

Sé estás allá arriba, en ese cielo tan azul y tan claro, en este momento, imagino que esas pequeñas nubes que surcan el horizonte, son ángeles que van sembrando semillas de esperanza en este mundo que tanto lo necesita.

¿Sabes? mañana es mi cumpleaños, ya catorce años y a pesar de todo, me siento triste, mamá, encerrada en su mundo desde que papá murió; mis hermanitos, son tan pequeños que no entienden nada de lo que sucede, solo saben que papá no está y preguntan; y cuando lo hacen, solo ven a mamá llorando y por más que les explico, no entienden por qué se fue al cielo.

Señor, sé que nuestra vida ha dado un vuelco muy grande, papá lo era todo, dueño y señor en esa casa grande, grande como esta inmensidad en la que ahora me encuentro. Una casa construida con mucho sacrificio y amor.

Como ves, porque no tengo qué decirlo, ya que todo lo sabes, quisiera poder hacer algo para aliviar el dolor de mamá; me duele verla sufrir tanto, hago lo que puedo, ayudo más de lo normal, atiendo a mis hermanitos, voy al liceo y cumplo con todas mis obligaciones, soy buen estudiante y deseo que pasen estos años rápido para graduarme y hacer que mi mami sea feliz.

Solo te pido Señor, ayúdala a que pronto pase su dolor; sé que jamás podrá olvidar lo vivido, fueron muchos años juntos; pero al menos has que vuelva a sonreír, que no se encierre en su mundo y que si puedes, dale la oportunidad de volver a ser feliz.

Me encantaría que con papá ocurriera lo mismo que pasó contigo que al tercer día resucitaste; o que hicieras como hiciste con Lázaro, que lo levantaste de la tumba; sé es imposible; pero quiero para mi cumpleaños una sonrisa de mi madre, no deseo nada más; no quiero regalos, no quiero sorpresas, solo verla sonreír, con eso, me harías feliz.

Ahora, luego de conversar contigo, me siento más aliviado, ya pasó la etapa de la niñez, soy un adolescente que va camino a la adultez y deseo me concedas la gracia de no perderme en el camino, de ser útil y de ser un profesional, próspero y con mucho éxito en la vida.

Solo eso te pido hoy Señor!

Ahora te dejo, no sin antes orar junto a ti esa pequeña oración que me enseñaron desde niño para agradecerte por todo lo que nos das.

Padre Nuestro que estás en los cielos…


Autora: Iris Ponce
Inspiración Visual No. 121.

Marzo 17, 2018

viernes, 16 de marzo de 2018

FLORES PARA MI MADRE...


FLORES PARA MI MADRE
Madre…

Hoy con una mañana clara, caminando por la pradera, vislumbrando el horizonte y camino a casa, divisé hermosas flores campestres de muchos colores; y contemplándolas recordé que a ti, te encantaba el color moradito claro en las flores y por ello, me dediqué a cortar las más hermosas buscando tu tono favorito.

Luego, ya cumplido mi cometido, respirando aire fresco y recordando tu sonrisa cuando te llevaba flores, regresé a tu hogar, nuestro hogar, donde hoy día reposan tus cenizas.

Decidimos todos los hermanos,  no depositar tus restos en el cementerio; sino conservarlos con nosotros, en tu cuarto; que hasta el sol de hoy, está exactamente igual como lo dejaste, nada fuera de lugar, todo acomodado y en orden, como te gustaba.

Ya casi cumples tres años de no estar con nosotros; y tu ausencia persiste cada día, te siento y me viene a la mente cuando cada día me llevabas el café a la cama y conversábamos de mis poemas que te leía ansiosa por recibir tu aprobación.

Estas flores con mucho amor, las corté para ti y siempre que pueda, volveré a esa pradera para buscar las más hermosas y coloridas para adornar tu hogar, tu santuario, donde por siempre vivirás.

Con todo mi amor, dedico este relato a mi mami, quien el próximo 13 de abril cumplirá tres años de ausencia física, mas no está ausente en el corazón de sus hijos, porque siempre allí vivirá.


Autora: Iris Ponce
Marzo 03, 2018
Inspiración Visual No.120