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domingo, 8 de marzo de 2015

SIN NADA...


SIN NADA…

Aquí estoy, sin nada, casi como Dios me trajo al mundo…

Sólo me queda mi conciencia que no se vende, mi corazón que aun palpita y mis manos para comenzar de nuevo.

He perdido todo, hasta mi paz, deambulé, recorrí mil veces un mismo camino tratando de encontrar la razón de seguir viviendo y; después de recapacitar, casi hasta la locura, regresé de la nada, del olvido…

Recorro mis pasos...
Qué tengo, qué espero, qué he de buscar?
No tengo nada, no espero nada, pero buscando encontraré de nuevo la senda de la cordura y comenzaré a reconstruir las bases de lo que fue mi vida.

Me acompañan las ilusiones de un nuevo presente y la esperanza de un incrédulo futuro ah! y mi gato, callejero, que un día le di migajas de lo que no me sobraba y, desde entonces está conmigo.

Aquí recostado en este trozo de árbol ya seco como mi vida, recordando un pasado que ya no lo será más, digo adiós a los recuerdos.  Cuando parta de aquí, lo haré con la conciencia tranquila y creyendo en mi, que si podré continuar andando esta senda, buscando renacer de las cenizas, con la esperanza siempre como mi norte, y de nuevo vivir…

 

Autora Iris Ponce

A SEMBRAR...


A SEMBRAR…


Salgo a la calle, respiro ese aire húmedo de estos días y siento la necesidad de caminar, no correr, porque sería alardear de algo que saben, no puedo; pero sentir el aire puro que penetra en mis pulmones, me hace sentir mucho mejor.

Llego a casa y observo el jardín, lo he descuidado un poco, luego del desayuno, aprovecharé el tiempo y trataré de acondicionarlo.

Necesito nuevas plantas para oxigenar las pocas que tengo.  Así que pido ayuda al vivero y me hice de unas cuantas plantas que crecen lo suficiente para dar sombra y adornar este espacio tan grande.

Me pongo ropa cómoda y comienza mi labor artesanal, primero corto todo lo que está seco, limpio el área y coloco tierra nueva, grava y clasifico las plantas; ésta particularmente, crecerá alta y frondosa, porque es un árbol, el cual dará sombra en esos días de sol y cobijo en los días cálidos o lluviosos.

Eso necesitamos, sembrar, para poblar la tierra, oxigenarla, porque muchos se han dedicado a deforestar; pero muy pocos a reponer tanta tala y quema, que nos está dejando sin espacios para recrearnos.

La tierra se nutre de ese oxígeno que cada tala indiscriminada, tanto incendio sin control destruyen nuestro ecosistema.  Estamos propiciando aceleradamente nuestra muerte física, si no ponemos un alto y ayudamos a la conservación de nuestros recursos naturales.

Si cada uno de nosotros sembrara una planta, un árbol, una flor…

Cuántos millones estaríamos contribuyendo a restituirle a la tierra lo que le hemos quitado?

Cuántos millones de plantas se sembraríamos?

Pero tal vez, sigo soñando despierta, es una utopía que jamás se hará realidad; así que no me queda más que regar y sembrar mi jardín; quizás el vecino se anime y haga lo mismo en el suyo y pueda que los demás se animen y, al menos en la cuadra, dentro de unos 5 o 6 años, existan árboles que puedan brindarnos un poco más de aire saludable.
Soñar con un mundo mejor, no cuesta nada.

Vamos, hagámoslo juntos, siembra un solo árbol y verás lo bien que se siente!



Autora: Iris Ponce
Enero 15, 2015-01-15

Inspiración Visual LIII 

miércoles, 25 de febrero de 2015

ROCÍO...


ROCÍO...

Amaneció…
y el sereno ha dejado en mi ventana su huella,
su esencia y su rastro aún se siente en el ambiente,
huele a tierra mojada, a campo… a pueblo!

Mi jardín, recibe día a día esa caricia que deja cuando pasa,
suave, sutil, casi imperceptible al que callado duerme.

Yo, desde mi ventana, observo como enamorada,
la caricia que sienten mis rosales cuando
al despuntar el alba, llega el rocío y  humedece sin distingo
sus hojas, sus ramas, sus pétalos…

No importa si están cerradas, todas reciben ese baño bendito
que no es más que una halago que desde el cielo
Dios les envía para que nosotros los humanos,
podamos seguir disfrutando de lo hermosa que es la vida,
vista con los ojos del alma a través de un cristal
y rodeada de un sembradío de hermosas rosas que me hacen
sentir viva y fresca, como han de sentirse ellas, cuando cada amanecer
esperan complacidas la llegada de esa caricia matinal.

Lluvia, sereno, rocío… sea lo que quieras ser, sólo llega y
embellece mi jardín y nunca olvides dejar tu huella en mi ventana…
así, recordaré el paso de mi amado cuando deja en mi cama
una hermosa rosa roja, en señal de amor eterno.


Autora: Iris Ponce
Febrero 23, 2015