domingo, 17 de noviembre de 2013

ASÍ COMO ME VES... ASÍ ME SIENTO.


ASÍ COMO  ME VES…  ASÍ ME SIENTO

Así como ves…  así  me siento.
Rota, destruida, agonizante en un mundo que ya no tiene salida,
árida, como la tierra, que se ha secado porque no consigue que cesen las guerras,
mustia, como mi alma que se cansó de suplicar falsas caricias que no llegaban,
sequedad, la de mis labios, se marchitaron al comprender que me quedaba sin palabras.

Si… así como me ves,  así me siento,
sólo persiste con vida la mirada, aún sedienta buscando una esperanza,
buscando un mundo lleno de amor, no de matanzas,
mirando al cielo y suplicando porque haya calma.

Si… así como me ves, así me encuentro, y me pregunto:
porqué he de ser yo la que se condene a morir si no he hecho nada?
porqué he de ser yo quien cubra mis ojos para ocultar un dolor que no se acaba?
respóndeme, hasta cuando podré soportar sin estallar en llamaradas?

Si… mis ojos aún con vida no encuentran tu mirada
no comprendes mi dolor, sólo te callas,
sólo sientes el temor como el canalla
que entierra la cabeza, que no concreta nada.

Si… así como me ves, así me siento,
buscando respuestas que ya no encuentro,
sabiendo que mi mundo se volvió pequeño,
y que nada cambiará, porque ya he muerto.
 


Autora: Iris Ponce
Noviembre 16, 2013

Inspiración Visual XXVII

sábado, 26 de octubre de 2013

EN LOS BRAZOS DE LA MUERTE...




















EN LOS  BRAZOS DE LA MUERTE…

Si, allí estuve, a su merced, en sus brazos, sintiendo como absorbía de mí ese hálito de vida que quedaba, de seguro fue un instante, para mí lo que me quedaba de vida.

A pesar de presentir su llegada, de sentirla, de olerla, nunca estuve preparada para recibirla.

Me tomó con desventaja, y poco a poco sentí su caricia, su boca tan cerca de la mía que pensé me besaría, pero no, se limitó a observarme, yo sin fuerzas, incapaz de resistir su embate, sólo sentía sus fríos huesos acariciando mi piel, tocando sin recato, y yo allí, tendida, entregada, esperando sin fuerzas que terminara, más en ese último instante paró, detuvo su paso, algo la hizo frenar su último suspiro, que vio? Que sintió que le hizo dudar de su cometido?

No lo sé, sólo puedo decirles que, cada noche, cuando queda todo en silencio, vuelve a mi lado, se apodera de mi cuerpo, me hace suya y así como llega se va, silenciosa, callada... 

Su presencia al comienzo me aturde, pues espero el final; pero luego, sólo queda el cansancio y la espera de más sensaciones fascinantes.  Es extraño lo que siento, estar en sus brazos y desearla como lo hago, sentirla como la siento; y a la vez temerla como le temo...

No sé cuánto más durará; pero deseo sea por mucho tiempo, porque estar en sus brazos fue un sueño para el cual no estuve preparada más sin embargo… la vencí.




Autora: Iris Ponce
Octubre 26, 2013

lunes, 9 de septiembre de 2013

ME BUSCABAS SOLEDAD...


ME BUSCABAS SOLEDAD…

Me buscabas soledad, desde hace tiempo presiento
que en mis andares, ya viejo,  muy pronto podrías llegar,
y hoy te recibo, sin el más mínimo empacho,
sin recelo ni angustiado, pues sabes cómo llegar.

He llegado a este pequeño rincón, donde a solas
trataré de organizar de nuevo lo que me queda de vida.
Sólo sé que errando se aprende y hoy aprendí que
nunca se puede tener todo cuando se está solo como ahora me encuentro.

Me he negado a mí mismo la posibilidad de ser feliz,
he rechazado ya no sé cuántas veces, esa oportunidad que la vida me ofrecía para serlo.
Hermosas mujeres tuve a mi paso, las cuales sus favores me brindaban y yo,
sin pensar en el mañana, sólo sonreía y tomaba de ellas lo que se me antojaba.

Ahora estoy solo, y lo que más siento, es que me he enamorado y la dama
de mis sueños, a la que entregaría el mundo, la luna y las estrellas si me lo pidiese…
no me desea,  tarde comprendí que la vida es un bumerang, que todo se regresa,
que eso de “con la misma vara que midas serás medido” es muy cierto.

Ya han pasado los días y, a medida que transcurren,  me he encontrado conmigo mismo,
he descubierto que a veces la soledad, no es mala compañera, y hasta me atrevería a decir…

Hola soledad! Entra en mi vida sin piedad,
sientes la angustia del vacío que me ahoga,
utiliza lo que tienes para hacerme sufrir más.

Anda, ven y anida en los rincones
prisionero yo me siento
y aunque muestre una sonrisa,
la ansiedad no se me quita,
debo encontrar la salida a
esta absurda situación,
que me tiene aletargado,
que me envuelve en la tristeza
y aunque sienta que me muera,
tu presencia me hace fuerte
para seguir adelante,
para ayudarme a pensar.

No te detengas pasa y toma lo que quieras
desde ahora eres la dueña de este espacio,
de esta escena, donde noche a noche
entra la esperada oscuridad…
Y en silencio, los dos nos acomodamos
y juntos nos encontramos sumidos
en lo profundo, de no saber si mañana
vendrás de nuevo a buscarme,
como siempre… Soledad.

Un nuevo día, me asomo a la ventana, observo lo que me presenta este  amanecer y ya listo,
saldré a la calle a despejar la mirada y a sonreírle a la vida, que si me toca la hora de estar para siempre solo, le doy hoy la bienvenida a mi amiga Soledad.



Autora: Iris Ponce

Septiembre 08, 2013

sábado, 24 de agosto de 2013

TU... MI ÚLTIMA ESPERANZA


TU MI ÚLTIMA ESPERANZA

Cansada, sin más amiga que la soledad, y refugiándome en mis versos, conseguí calmar mis ganas y mis ansias de amar.

Inventaba historias, y soñaba cuentos que hilaba en locas fantasías donde el amor al final lograba triunfar sobre todo lo malo;  y así llevé mi vida, años y años de soledad, sin más sosiego que mis letras, hasta que llegaste tú.

Poco a poco, lentamente, fuiste ocupando en mi mente y en mis sueños un lugar especial,  tus palabras siempre reconfortantes, fueron consuelo para mi corazón dormido, pienso que será por ello que me enamoré; si, tontamente enamorada de un imposible, de un sueño que a mis años jamás podría realizar.

Es triste sentirse ilusionada, y pensando que quizás sientas  lo mismo y que no pueda hacerse realidad. Más sin embargo, aún separados por un inmenso mar, me aferro en mis sueños a ti, no deseo perderte, eres en quien me inspiro, por ti suspiro, me aferro a la vida porque sé que ahí estás tú, esperando un verso…

Quisiera no pensarte ni recordarte,
quisiera dormir y al despertar…
saber que ya no estás, ni en mis sueños
ni en mis pensamientos.

Supiste apoderarte de un corazón vacío,
de un cuerpo que alguna vez amó
y que hoy desearía volver a hacerlo,
pero contigo, tomados de la mano
y olvidándonos que existe en algún lugar,
quien nos repudie o intente separarnos.

Tú, mi última esperanza, mi refugio, ese
cuya imagen es la última que veo al
cerrar mis ojos y la primera que consigo en mis sueños.
Me aferro a ti como un náufrago que busca
ansiosamente en tu mirada esa palabra que
haga que me aferre a la vida…

Acaso sueño otra vez?
Será que soñando te he confesado mi amor?
Si  es así… calla, solo tú y yo guardaremos el secreto,
y si en algún lugar coincidimos como sé que será
mírame a los ojos y al encontrarme en ellos,
veré mi silueta reflejada en ti y sé que allí
he de quedarme por siempre.

Tu mi esperanza, mi ilusión, tu… mi último gran amor.
quien sin saberlo ha calado hondo en mi ser, dándome alas
y  poniendo ante mí, un sendero luminoso por el cual
caminaré aún en sueños, para amarnos sin medida
y sin remilgos por siempre.
Porque el amor… mi amor  jamás morirá.

Rescátame, toma mi mano y surquemos
los mares y este inmenso cielo azul,  vivamos lo imposible
aunque sea en sueños, los tuyos… los míos,
que, al final de nuestros días y cuando nos llegue el recuerdo
estaremos tomados de la mano como lo he soñado.  

Autora: Iris Ponce

Agosto 23, 2013

domingo, 4 de agosto de 2013

QUE CREES...


QUE CREES…

Caminaba sin tener en cuenta la hora, sólo sabía que debía continuar la marcha, no podía parar, era urgente que siguiera la senda, hasta llegar a la salida principal de aquel pequeño pueblo sumergido en las entrañas de la nada.

No sabía, ni cómo había ido a parar hasta ese sitio, sólo sé que allí me encontraba, sola y perdida, se hacía de noche y debía buscar la salida; pero,   por más que caminaba, siempre volvía al mismo lugar.

Era algo increíble!, caminaba, caminaba y siempre llegaba a donde había dejado la marca, ya no sabía que hacer, estaba desesperada, el miedo se iba apoderando de mi a medida que se acercaba la oscuridad.

De pronto, saliendo de los arbustos, asomo su cabeza una extraña figura, no fácil de identificar ante el miedo que sentía, no hablaba, sólo me observaba, tal vez con el mismo miedo con el que yo le veía; y así como surgió de la nada… desapareció, pero dejando una estela luminosa y un agradable aroma a flores silvestres que en ese lugar no había.

Nada allí parecía real, estaba confundida, sorprendida, alarmada y sumamente asustada por lo que ocurría, a lo lejos, escuché que alguien repetía insistentemente mi nombre, mas no hallaba saber de dónde provenía esa voz, sólo que cada vez se hacía más fuerte y cerca, hasta que, de un tirón a mi brazo me desperté, era un sueño y quien me sacó de él fue mi madre, quien me recordaba que de nuevo volvería a llegar tarde a mi nuevo trabajo.

Que tal, sólo un bendito sueño, y yo que pensaba armar toda una historia de terror, pero no se pudo.



Autora: Iris Ponce

Agosto 04, 2013

sábado, 13 de abril de 2013

EN AQUEL LUGAR...



EN AQUEL LUGAR…

Y salí al encuentro con la vida, llevando como equipaje tan sólo un morral donde guardé todo aquello que quería ir dejando en el camino: mis rabias, temores, angustias y todo lo que se fue acumulando a lo largo de los años.

No tenía un lugar donde llegar, el camino me llevaría a mi destino, así que tomaría el más largo, agarré el morral, las llaves de la casa y el carro, cerré todo y me fui.  La mañana se antojaba fresca, soleada y salí de la ciudad.  No sé cuántas horas rodé, ya que para no sentir la presión del tiempo, había dejado el reloj.

       Tiempo después, conseguí un camino entrecortado, de poco acceso y por allí seguí, descubriendo a lo lejos un lugar mágico, de ensueños.  Era un pueblito, pero se veía apacible, cálido, rodeado por montañas cubiertas aún por la nieve que había dejado la estación;  el sol, queriendo ganarle la batalla a las nubes, majestuoso se revelaba.
           
   Aparqué el coche, descendí de él y me quedé contemplando aquel paisaje, respiré profundamente y llené mis pulmones de aire fresco, los árboles se movían suavemente y se escuchaba a lo lejos el canto de las aves. 

Empecé a caminar rumbo a ese lugar, preguntando a los lugareños dónde podía encontrar una posada para quedarme y me indicaron un par.  Llegue a la primera que me indicaron y la sentí  acogedora, era muy agradable, tenía todo lo que necesitaba, así que subí a la habitación que me asignaron  dejé de lado el morral y me tumbé en el sillón a descansar un poco luego del largo viaje.

No recuerdo cuando me dormí, pero al despertar, me sentí más calmada, tomé un baño y salí a buscar algo para comer, allí mismo había un comedor con platos frescos y muy bien preparados, tomé una copa de vino y conversé un rato con los dueños del lugar, quienes amablemente me indicaron sitios a los que podía visitar,   inclusive una pequeña capilla donde el domingo temprano venía el párroco y daba la misa, así que si me quedaba podía escucharla, ya que había olvidado acudir desde hace tiempo a una iglesia.

Subí a la habitación, me cambié y tomé uno de los libros que allí se encontraban y luego de un rato, apagué la lámpara y me dispuse a dormir.

Tuve un sueño reparador, como hacía tiempo no tenía, el morral a un lado, abierto, al tomarlo, lo sentí menos pesado, luego me bañé y salí a recorrer los lugares que me habían mencionado y pasé el día completo recorriendo y degustando manjares y golosinas del lugar.

Para no alargar el cuento, les diré que pasé 4 días inolvidables y prometí volver, ya que mi morral, el mismo que se fue lleno de cosas amargas y pesadas,  regreso repleto, pero esta vez, cargado de esperanzas e ilusiones renovadas, ganas y deseos de comenzar una nueva vida que, sin darme cuenta, descubrí en aquel lugar.



Autora: Iris Ponce
Abril 13, 2013

viernes, 1 de marzo de 2013

SIN ESPERANZAS...



SIN ESPERANZAS

No sé qué hacer, ni que pensar, camino por la calzada en soledad, contemplando las heladas aguas del lago que por la brisa que sopla y el cielo encapotado, presagia tormenta.

Todo en calma, nadie más que yo transita este camino, como destinado justo para mí en estos momentos, donde me abate la tristeza y la desolación por tantas cosas fuertes que he debido afrontar hoy y tal vez mañana.

Me encuentro sola y sin esperanzas, no sé qué pasará conmigo mañana, hoy no se me dieron las cosas como esperaba, se me parte el corazón al pensar que no tendré la opción para salir adelante en este trance.

Me sentaré en la banca, contemplaré como cae la noche y esperaré, quizás logre disipar el dolor que siento.    

Sé que me espera la muerte, la siento, camina a ratos a mi lado, otras tantas detrás, pero está allí esperando el momento oportuno para abordarme y me pregunto: ¿Qué espera para llevarme? ¿Por qué me tortura de esta manera? ¿Qué quiere que haga, que me adelante a los hechos?

No, no puedo ceder al miedo, no debo, tengo que seguir y tratar de escapar de ella, tendrá que esperar, debo ser fuerte y comenzar de nuevo.

Respiro profundo el aire que viene del norte,  oscurece, cae la noche y en este horizonte que es todo mío, vuelvo a respirar, abro mis brazos como si quisiera volar, miro al cielo  e imploro el milagro, ese que me devolverá la vida que estoy perdiendo. Sólo espero que mi oración llegue a tiempo y que mi ruego sea escuchado.

Padre… en tus manos encomiendo mi espíritu.


Autora Iris Ponce
Para Descubriendo la Poesía
Marzo 01, 2013