ESPERANDO AL NIÑO…
En un pueblito pequeño, ubicado en las afueras de la ciudad, donde
convivían al menos unas 70 familias, se celebraba esa noche, la llegada del
Niño Dios, motivo de alegría e ilusión para los más pequeños, ya que esperaban
ansiosos sus juguetes, por haber sido niños buenos este año a punto de
terminar.
Los vecinos más allegados
se reunieron y entre todos lograron armar una modesta mesa, donde había lo
suficiente para pasar la noche, acompañados de la música y un buen vino que
habían conseguido.
Luego de la cena, los más
pequeños salieron al patio a jugar y a cantar, haciendo tiempo para estar
despierto para recibir al niño.
Eran cinco, cinco los hermanitos que entre 7 y 2 años, corrían
ilusionados tratando de encontrar la manera para poder estar despiertos a la
hora en que decían llegaba el niño Jesús.
Samuel, Andrés, Ana, Simón
y María, sonriendo, subían y bajaban por los bordes de la calzada, exhaustos de
tanto correr estaban, cuando sonó el reloj, indicando que eran ya las 11 de la
noche y que debían ir a la cama, todos acordaron estar despiertos para poder
ver al Niño Jesús cuando llegara a dejar sus presentes.
Samuel y María, los más
pequeños, tan pronto colocaron sus cabecitas sobre la almohada se durmieron,
quedando sólo despiertos Andrés, Simón y Ana, que era la mayor y quien decidió
que montaría guardia; y que tan pronto lo viera, les despertaría!
Así que Simón y Andrés, se
fueron a sus camas, pero no querían dormir, pues estaban seguros que Ana se
dormiría primero.
Ana, muy resuelta a ver al
Niño, se sentó cerca de la puerta, en una alfombra hecha de mullida tela que
invitaba a descansar más, sin embargo, terca como siempre, peleaba con sus
ojitos que no deseaban permanecer abiertos, y al final, por más que luchó por
intentarlo, se quedó dormida; Simón y Andrés corrieron con la misma suerte.
Ana, acurrucadita en la alfombra, tuvo un lindo sueño, dónde se
encontraba al niño, un niño hermoso, cubierto con una luz muy brillante y una
aureola sobre su cabeza que le hablo de manera muy dulce, saludándole y
diciéndole que
“sé me esperabas
impaciente, pero esta noche, la más larga de todas, debo repartir juguetes a
los niños más pobres de la tierra, y por esa razón me he retrasado”.
Asombrada ante tan bella
presencia, Ana no logró articular palabra alguna y no pudo tampoco, despertar a
sus hermanitos.
Escuchaba que el niño, mientras colocaba los presentes debajo del
árbol, tarareaba un villancico que le pareció familiar, y a medida que su
vocecita se acercaba, despertó, encontrando justo debajo del árbol a su mamá,
acomodando los presentes.
Su asombro fue mayor y su
carita se iluminó; en silencio, abrazó a su madre y le ayudó a terminar de
colocar los juguetes, luego de ese instante casi mágico su mami la cargó, la
besó y la acostó en su cama, arropándola y besando su frente para
posteriormente quedarse dormida con una hermosa sonrisa.
Al amanecer del siguiente día, sus alborotados hermanos corrían a
su alrededor mostrando sus presentes y preguntándole si ella había podido ver
al niño?
Ella sonriendo les narró el
sueño, haciéndolo ver como real, sin contarles la verdad de quién había
colocado los presentes debajo del árbol, ese sería un secreto... su secreto.
Sus hermanitos maravillados
y alegres escucharon lo que Ana les contaba, saliendo luego al patio a jugar
entre ellos con sus presentes.
Ana y su madre se miraron
con complicidad y se dispusieron a preparar el desayuno de la mañana de
navidad.
Autora: Iris Ponce
Diciembre 12, 2013